Consolidación del Absolutismo, Ilustración y Revolución Francesa
Entre los siglos XVII y XVIII se consolidó en Europa el absolutismo, una forma de gobierno en la que el rey concentraba todo el poder y decía gobernar por mandato de Dios. Esto significaba que nadie podía cuestionar su autoridad. Un ejemplo claro fue Luis XIV de Francia, quien fortaleció su poder, redujo la influencia de los nobles, impulsó el comercio (mercantilismo) y trató de expandir el territorio francés. El objetivo principal del absolutismo era unir el país bajo una sola autoridad para evitar la división provocada por el feudalismo.
Los Estados absolutistas tenían un gobierno centralizado con un rey, un ejército permanente, un territorio unificado, y el poder se heredaba dentro de la misma familia real. No existían leyes escritas que limitaran al rey, y los consejos que lo ayudaban no tenían poder real. La sociedad estaba organizada en clases sociales rígidas, y las personas no podían cambiar de clase ni mejorar su situación.
En lo económico, el absolutismo se apoyó en el mercantilismo, una política que buscaba acumular riqueza para el Estado. Se fomentó el comercio, el uso del dinero, la creación de bancos y el surgimiento de un mercado nacional. Poco a poco fue desapareciendo la economía feudal, que era cerrada y sin comercio, y apareció el capitalismo, basado en el intercambio y la búsqueda de ganancias.
La Revolución Francesa comenzó a finales del siglo XVIII. Francia vivía una gran crisis económica, con impuestos muy altos, deudas y malas cosechas. Además, existía una gran desigualdad social entre el clero, la nobleza y el Tercer Estado, que era la mayoría del pueblo. El malestar con la monarquía de Luis XVI llevó al pueblo a rebelarse.
Algunos eventos importantes fueron la convocatoria de los Estados Generales, el Juramento del Juego de la Pelota, la Toma de la Bastilla en 1789 (símbolo del inicio de la revolución), la creación de una constitución que limitaba el poder del rey, la proclamación de la Primera República y la ejecución del rey en 1793. Luego vino un periodo de violencia llamado el Reino del Terror, dirigido por Robespierre. Finalmente, en 1799, Napoleón Bonaparte tomó el poder con un golpe de Estado.
Entre las consecuencias están el fin de la monarquía absoluta, la difusión de ideas de libertad e igualdad en Europa, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que influyó en las democracias modernas. Esta revolución también sirvió de ejemplo para otros pueblos que querían cambiar sus sistemas políticos y sociales.
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