COnquista de America desde el marxismo y el decolonialismo

 

La conquista de América desde el marxismo y la teoría decolonial

La conquista de América, iniciada a finales del siglo XV con la llegada de Cristóbal Colón, no fue un simple encuentro entre culturas ni una aventura heroica, como durante siglos se presentó en los relatos eurocéntricos. Desde perspectivas críticas como el marxismo y la teoría decolonial, este proceso puede entenderse como el inicio de un sistema de dominación global, basado en la explotación económica, la violencia estructural y la imposición cultural.



Conquista y acumulación capitalista (visión marxista)

Desde el marxismo, la conquista de América se vincula directamente con el surgimiento del capitalismo moderno. Karl Marx identificó este momento histórico como parte de la acumulación originaria: un proceso violento mediante el cual se formaron las condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo europeo. La riqueza que se extrajo de América –oro, plata, productos agrícolas, mano de obra esclava– fue fundamental para financiar el crecimiento económico de Europa occidental, la expansión del comercio y el surgimiento de una burguesía capitalista.

Los conquistadores no llegaron solo con cruces y espadas, sino también con una lógica de saqueo. Millones de indígenas fueron obligados a trabajar en condiciones infrahumanas en minas como las de Potosí o en plantaciones. Estos sistemas, como la encomienda o el repartimiento, eran formas de trabajo forzado que anticipaban la explotación capitalista moderna. Desde este punto de vista, la conquista no fue un proceso aislado, sino parte de la expansión del sistema económico mundial que transformó a América en una periferia productora de materias primas, subordinada a los intereses del centro europeo.

Colonialidad del poder y del saber (teoría decolonial)

La teoría decolonial, desarrollada por pensadores como Aníbal Quijano, Walter Mignolo y Silvia Rivera Cusicanqui, complementa esta visión al señalar que la conquista no solo fue una dominación económica, sino también epistémica y cultural. La invasión europea impuso una jerarquía racial que colocó al europeo blanco como superior, y al indígena, al africano y a los mestizos como inferiores. Este sistema de jerarquización, conocido como la colonialidad del poder, sigue presente hasta hoy en las formas de discriminación, racismo y desigualdad en América Latina.

Además, los conquistadores impusieron su forma de entender el mundo: su religión, su idioma, su concepción de la historia, y desvalorizaron los conocimientos, lenguas y saberes indígenas. Esto es lo que la teoría decolonial llama la colonialidad del saber: una forma de epistemicidio (muerte de sistemas de conocimiento) que invisibilizó la ciencia, la espiritualidad y las instituciones de los pueblos originarios.

Conquista, resistencia y continuidad de la dominación

Tanto el marxismo como la teoría decolonial coinciden en que la conquista no fue un proceso pacífico ni total. Hubo numerosas formas de resistencia indígena, desde rebeliones abiertas hasta estrategias cotidianas de defensa cultural. Sin embargo, el proyecto colonial logró consolidarse a través de la violencia, la destrucción de estructuras sociales preexistentes y la creación de una nueva clase dominante criolla que heredó los privilegios coloniales.

Las consecuencias de la conquista no terminaron con la independencia de los países latinoamericanos en el siglo XIX. La estructura colonial –con su desigualdad social, racismo sistémico y dependencia económica– se mantuvo bajo nuevas formas. La teoría decolonial denomina esto como colonialidad, es decir, la persistencia de las lógicas coloniales incluso después del fin del dominio político español.

Conclusión: una conquista que aún no termina

Desde estas perspectivas críticas, la conquista de América no es un hecho del pasado, sino un proceso que sentó las bases del mundo moderno. Fue la primera globalización forzada, construida sobre el genocidio, la esclavitud y el despojo. El capitalismo mundial y el racismo estructural tienen sus raíces en este momento histórico. Pensar la conquista desde el marxismo y la teoría decolonial nos ayuda no solo a comprender el pasado, sino también a cuestionar el presente: ¿cómo se mantienen hoy las relaciones de poder entre el Norte y el Sur global? ¿Cómo persisten el racismo, la exclusión y el extractivismo en América Latina?

Reconocer estas raíces es el primer paso para construir una historia más justa, plural y verdaderamente libre.

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