¿Quién lucha contra el Estado Islámico?
Existen países afectados como Siria e Irak, que luchan para que los miembros del Estado Islámico no se extiendan más en sus territorios. También existen grupos étnicos como los kurdos, que luchan con su ejército.
Estados Unidos, junto con más de 60 países, conforman la Coalición Internacional, que ataca desde el aire territorios del Estado Islámico. Entre los países que se unieron en esta lucha con Estados Unidos están: Francia, Bélgica y Alemania, países de Asia como Jordania y del norte de África, como Egipto. Estos países son objetivos militares por parte del EI.
Grupos étnicos en las áreas dominadas por el Estado Islámico
Tanto en Siria como en Irak existen diversos grupos étnicos conviviendo en sus territorios. En Siria se dividen entre una gran mayoría árabe y sunita, cristianos (10 %), chiitas de diferentes tradiciones (12 %) y drusos (3 %), siendo los kurdos la más numerosa minoría étnica (9 %), seguidos por los asirios, yazidi, turcomanos... En Irak existen grupos como los sunitas, kurdos, cristianos y los chiitas, este último es mayoría en la población. Cuando el Estado Islámico tomó territorios en Siria e Irak, también ha tenido que luchar contra estos grupos étnicos, sobre todo contra los kurdos.
Cuadro de grupos étnicos en Siria e Irak
| Grupos étnicos | Características |
|---|---|
| Chiitas | La comunidad islámica con mayor presencia en Irán e Irak. |
| Sunitas | Los sunitas conforman la rama musulmana más numerosa en el mundo, sin embargo, en Irak no son mayoría. |
| Kurdos | Los kurdos no tienen un interés religioso, sino que, históricamente, han buscado su independencia y la conformación de un estado, Kurdistán, que abarca regiones de Irak, Turquía, Irán, Siria y Armenia. |
| Alauitas | Parte del chiismo. Aunque los alauitas están presentes en su mayoría en Siria, también se establecen en Irak. |
| Yihadistas | Son los integrantes de las ramas más violentas y radicales del islamismo. Son defensores de la yihad, es decir, la guerra contra los enemigos del islam. |
Avances y pérdidas territoriales del Estado Islámico
En la actualidad, el EI ha dominado zonas tanto en Siria como en Irak. Aunque, para el 2015, la milicia terrorista perdió el 14 % del territorio que dominaba doce meses atrás. El enemigo más eficiente contra el Estado Islámico son los kurdos, ya que ni Estados Unidos ni Rusia han podido detener el avance.
Parte del territorio que perdió el EI se ubica en el norte de Siria, en la frontera con Turquía, a manos de las unidades kurdas. En Irak, además, dejó de controlar las ciudades de Tikrit y Baiyi, donde está la mayor refinería de petróleo del país, así como una parte de la carretera que une Mosul, en el norte de Irak, con Raqqa, feudo del EI, dificultándose el transporte de bienes y combatientes.
Los sirios kurdos dominan un grupo llamado Fuerzas Democráticas Sirias, una coalición de combatientes kurdos y árabes que luchan contra los yihadistas en el noreste de Siria y que tomaron relevancia en los últimos tiempos.
En el mapa de la siguiente página, se puede observar que la mayoría de los ataques del Estado Islámico son en África y Medio Oriente, y que Siria, Irak, Afganistán y Pakistán son los más afectados.
Ruanda: Genocidio y conflictos étnicos
La historia de Ruanda es de manipulación y etnicismo, con el fin de obtener poder. Después de la Segunda Guerra Mundial, Ruanda y Burundi fueron dominados por Bélgica. Ruanda logró su independencia en 1962 y entre 1959 y 1963 se produjo el primer estallido de violencia interétnica entre tutsis y hutus, con unos 20 000 tutsis muertos y 150 000 exiliados.
En 1972, en Burundi, 350 000 hutus fueron asesinados por tutsis, generando un sentimiento antitutsi en Ruanda. En octubre de 1990, el Frente Patriótico Ruandés, liderado por Tito Rutaremara y compuesto por exiliados tutsis, invadió Ruanda desde Uganda. En 1993, los dos países firmaron un acuerdo de paz en Arusha.
En 1994, en un accidente aéreo, murieron el presidente de Ruanda (Habyarimana, de la etnia hutu) y el presidente de Burundi (Nytaryamira) tras una reunión de paz. Estas muertes provocaron una multitud de masacres en el país contra los tutsis. Como consecuencia, se da un desplazamiento masivo de tutsis hacia campos de refugiados en los países vecinos (principalmente Zaire).
Poco a poco, la expansión del conflicto se trasladó a sus vecinos, Zaire, Burundi y Uganda. El más afectado fue Zaire. Tras la llegada de millones de refugiados, se desencadenaron la primera y la segunda guerra del Congo, con un trágico resultado de 3,8 millones de muertos.
Para 2019, el Tribunal Penal Internacional, creado por la ONU, cerró sus puertas tras completar su mandato de juzgar a los responsables del genocidio. Para el 2024, Ruanda continúa bajo el liderazgo de Kagame, aunque las críticas sobre la falta de democracia y los derechos humanos persisten.
Burundi: la lucha entre tutsis y hutus
Burundi es un país donde se enfrentan a diario los hutus y tutsis. Los hutus conforman el 86 % de la población y son originarios de Burundi, pero han sido dominados por los tutsis, 14 % de la población, que invadieron el país en el siglo XV, concentrando el poder del ejército, la política y la economía.
La guerra civil de Burundi fue un conflicto armado que se desarrolló en ese país entre los años 1993 y 2005; sin embargo, en el 2016 surgieron diferencias que pueden llevar a otro conflicto. La guerra civil tuvo como causas las tensiones étnicas entre los hutus y los tutsis de Burundi, las cuales se intensificaron después de obtener la independencia de Bélgica en 1962, con enfrentamientos, violaciones de derechos humanos y golpes de Estado. Fue una guerra encubierta que llegó a su máximo punto en 1993, cuando el hutu Melchior Ndadaye, triunfador de las primeras elecciones democráticas que se realizaban, fue asesinado tan solo cuatro meses después de haber logrado ser nombrado presidente.
En Burundi, los hutus masacraron a miles de tutsis, obligándoles a exiliarse en Uganda y Ruanda y, en 1994, ocurrió una horrible masacre en Ruanda en la que murieron asesinados un millón de tutsis.
Este genocidio fue permitido por las potencias extranjeras presentes en la zona para esa época, que, en vez de intervenir, retiraron sus tropas bajo el pretexto de no intervenir en asuntos internos de los países. La ONU se limitó a redactar alguna resolución que nunca fue aplicada.
Después del genocidio en 1994, hutus y tutsis se organizaron militarmente e iniciaron una guerra civil en la que, según Naciones Unidas, se han perdido más de 300 000 vidas y ocasionó cientos de miles de desplazados y refugiados.
Una realidad muy cruel para un país en el que la esperanza de vida no supera los 44 años, 250 000 personas están contagiadas por el virus del sida y más del 70 % de la población vive por debajo de la línea de pobreza.
En 1996, el tutsi Pierre Buyoya protagonizó un levantamiento que agravó el conflicto. Burundi recibió sanciones internacionales por las continuas masacres, mutilaciones y secuestros sobre la población civil.
Muchas personas de Burundi se desplazan a otros países o campamentos en la misma nación, huyendo de los conflictos.
En agosto del 2000 iniciaron las negociaciones de paz. Los principales grupos armados hutus se reunieron con el gobierno de Buyoya; con la mediación de Nelson Mandela se firma el Acuerdo de Arusha, en el que participaron 19 partidos políticos. Entre los acuerdos, establecieron la alternancia de etnias en el poder y la creación de un gobierno de transición integrado en un 60 % por hutus y en un 40 % por tutsis.
Sería en diciembre de 2003 cuando se logró un alto al fuego entre las guerrillas y el Gobierno. Sin embargo, las masacres sobre la población continuaron. En el 2005 se celebraron elecciones democráticas, gracias a una reforma constitucional, y fue elegido Pierre Nkurunziza, jefe del Consejo Nacional de las Fuerzas Democráticas de Defensa de la Democracia (CNDD-FDD).
Burundi vive una crisis desde que Nkurunziza anunció, en abril del 2015, que iba a postularse para un tercer mandato, para el que resultó elegido. Más de 500 personas murieron como consecuencia de la violencia y al menos 300 000 huyeron del país.
En el 2016, Burundi sigue en una crisis política y militar, pero sobre todo humana; además, este país comunicó formalmente a las Naciones Unidas su retirada de la Corte Penal Internacional (CPI), asestando un duro golpe a este tribunal, considerado un pilar de la justicia mundial.
Sudán
Como la mayoría de los países africanos, Sudán es fruto de una división colonial artificial, en que no se tomaron en cuenta las diferencias étnicas, religiosas y culturales; lamentablemente, esto causó enfrentamientos y guerras. Sudán vivió graves conflictos, debido a las diferencias étnicas y religiosas entre los habitantes del norte y sur. Sudán del Sur, de mayoría negra cristiana o religiones tradicionales, combatió por muchos años para independizarse de Sudán, de mayoría musulmana árabe.
Las guerras en Sudán han persistido por años. La primera tuvo lugar entre 1963 y 1972, cuando los rebeldes de Sudán del Sur se levantaron contra el gobierno dominado por las élites arabizadas. Sudán, para evitar un conflicto aún mayor, dio cierta autonomía al sur en 1972, pero esto no fue suficiente.
El conflicto volvió a empezar en 1983 con la creación del Sudan People's Liberation Movement/Army (SPLM/A). En 2005, luego de una cruel guerra, el gobierno de Jartum, capital de Sudán, firmó la paz, por la que concedió el derecho a la autodeterminación de los territorios del sur, menos los estados Nilo Azul y Kordofan del Sur.
Esta guerra ocasionó 2 millones de muertos entre combates, hambre y enfermedades. En el 2011 hubo un referéndum en Sudán del Sur, para saber si la población apoyaba la independencia. El resultado fue que más del 98 % de la población dijo sí a la independencia, convirtiéndose Sudán del Sur en un nuevo país.
Este es un país rico en petróleo, pero con una injusta distribución de la riqueza, que hace que sus habitantes tengan una renta per cápita de las más bajas del mundo. La corrupción generalizada, la pobreza y desigualdad, la polarización étnica y las ambiciones políticas y económicas, contribuyen a que este país se encuentre al borde de la guerra civil.
En julio de 2013, el presidente Sal Kiir quitó del poder al vicepresidente Reik Machar. El 15 de diciembre de ese mismo año, Kiir ordenó la detención de Machar acusándole de organizar un golpe de Estado para derrocarle. Tanto Kiir como Machar se convirtieron en enemigos políticos; además, ambos son de etnias diferentes: Kiir pertenece a la tribu Dinka y Machar a la Nuer. Por ello, cuando se ordenó el arresto de Machar, algunos miembros la tribu de los Nuer, que pertenecían a la guardia presidencial, se enfrentaron violentamente contra sus compañeros de la tribu Dinka.
Luego de estos acontecimientos, los seguidores de Machar han tomado el control de la parte norte de Sudán del Sur. Sin embargo, la violación de los derechos humanos se da por ambas tribus. Después del 2013, más de 2,5 millones de personas se han desplazado debido a esta guerra brutal. De ellas, un total de 1,6 millones lo han hecho internamente y más de 830 000 han buscado refugio en los países vecinos, principalmente Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda. 4,8 millones de personas necesitan desesperadamente alimentos y agua potable.
Es una de las peores crisis alimentarias del mundo, y será peor si la violencia continúa. Se calcula que más de 686 000 niños menores de cinco años (uno de cada cuatro) están desnutridos.
Mucha gente del país más joven del mundo, están desplazándose en condiciones de refugiados hacia Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda. Uganda acoge a la mayor cantidad de refugiados de Sudán del Sur, con un total aproximado de 373 600 personas.
La interculturalidad para promover una sociedad de respeto a la diversidad étnica y cultural
El concepto de interculturalidad hace referencia a la forma de relacionarse entre las culturas, cuya principal característica es la promoción del diálogo.
El marco de amplitud de ese nexo depende de cuán amplia es la apertura y aceptación hacia “el otro”. Esta relación debe darse en el marco del respeto, de forma horizontal y sinérgica, donde se concibe que ningún grupo cultural está por encima del otro, lo cual favorece en todo momento la integración y convivencia de ambas partes. En las relaciones interculturales se establece una intercambio basado en el respeto a la diversidad y el enriquecimiento mutuo; sin embargo, no es un proceso exento de conflictos; estos se resuelven mediante el respeto, el diálogo, la escucha mutua, la concertación y la sinergia.
Esta acepción de interculturalidad nos remite a otro concepto: el de diversidad cultural, al reconocimiento de que vivimos en sociedades cada vez más complejas, donde es necesario posibilitar el encuentro entre los diversos grupos culturales que conviven con nosotros.
La interculturalidad requiere análisis rigurosos que favorezcan la compresión de los conflictos que necesariamente surgen en este contexto (riesgo de asimilación, de pérdida de identidad cultural, de marginación social...) y que aporten elementos para definir políticas críticas capaces de enfrentar lo que constituyen los auténticos obstáculos en este camino: la injusticia y la desigualdad.
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